sábado, 19 de marzo de 2011

El Facebook Emocional

Todos queremos atencion. No es nada malo, es algo natural...reitero, no es malo, es natural. Al diablo se vayan los psiquiatras con sus definiciones de los caracteres Histrionicos y Narcisistas. Todos queremos algun tipo de atencion. Es lo que nos valida, lo que nos hace sentir que no vivimos en una isla desierta sin comunicacion, porque si vivieramos alli, como analizo Descartes, existiriamos? Todos queremos atencion.
La diferencia es hasta donde estamos dispuestos a llegar para obtenerla. La atencion es la mayor causa de vulnerabilidad. Mientras mas gente nos observe, mas saben de nosotros, mas saben de nuestra vida, y nuestra vida privada que va indudablemente ligada a nuestra vida publica. Hasta donde estamos dispuestos a entregar (y que parte) nuestra vida privada con el fin de satisfacer nuestra necesidad emocional?
La atencion es un virus. A saber. El virus llega a una zona del cuerpo, una simple celula de virus llega por ejemplo, y coloniza una celula sana. pero que hace? esta satisfecho con esa celula? No. Tan pronto termina, se mueve a la segunda. porque la primera ya es de el, su valor como sana era inmenso, cuando se transformo, su valor disminuye hasta el punto que necesita otra sana, y se repite el caso.
La atencion es similar. Todos tenemos atencion que ya se nos ha otorgado antes de nacer. De nuestra madre, padre, abuelos, etc... y por un tiempo esta es suficiente (el nino llora si la madre no lo carga) al crecer, hacen falta amigos (el nino se aburre con su madre en casa) al crecer el nino necesita una novia, es natural.... pero tambien necesita amigos... y al casarse, el nino hecho hombre trata de salir de su casa.. la atencion que su esposa le da se convierte no solo en suficiente.. sino en demasiado.. el nino, hecho hombre necesita una querida... y amigos... y madre y padre... y cuando tiene una querida? que hace? hey! quien no quisiera dos queridas si el bolsillo no le pusiera fin a toda esta locura?  El valor de la celula sana disminuye con su conquista. 
Y venimos a Facebook. Casi todos los dias veo expresiones emocionales en este website. Y me pregunto.. Por que? porque alguien que se siente triste se lo diria a millones de personas las cuales no conoce.. o gran parte de ellas. Seamos razonables, alguien que se entera por FB que estas triste no esta conectado con tu vida diaria lo sufuciente como para saberlo de otra manera, y si no lo esta... para que necesita saberlo? Porque necesitamos su atencion. 
Un Simple "Estoy triste"  o " :( "  genera decenas de comentarios preguntando la razon y dando animos. Animos que no dan animos, y preguntas que no preguntan, si estas personas se preocuparan en realidad te llamarian por telefono, o te visitarian. Muchas de ellas no pueden, porque no te conocen, no saben donde vives y no tienen tu telefono. Y si no te conocen incluso a ese bajo nivel.. para que necesitan saber que estas triste??! 
Otras si. Hay amigos cercanos que se ven todos los dias y estan conectados en FB,pero son una fraccion de la lista de amigos regulares... y quizas son los menos propensos a intercambiar emociones a traves del teclado.
Al comunicar que estas triste.. generas atencion.. de una manera o de otra..sin que yo sepa porque.. esto satisface... pero hay otro suceso en FB que es el que me animo a escribir esto. "La Tristeza Secreta"

>>Que quede claro que escribo esto porque nadie le hace caso a lo que digo en mi vida cotidiana. Esto no es mas que un desesperado intento de generar atencion a esta parte de mi. A traves de Facebook!! haha<<

La gente mas profunda que el adolescente regular se mueve en tristeza, pero oculta. No pondran como status... "Me siento triste porque mi marido/mujer se fue al ballu" sino que buscaran una cita...citas citas citas... otro tema...   una cita famosa que exprese sus sentimientos de una manera mas o menos oculta, o dificil de comprender en su totalidad. Porque nadie quiere que el mundo sepa su vida privada, diran que estan tristes pero no dan toda la informacion. pej. "Estoy Cansado" puede referirse.. a llegue cansado del trabajo... si, es posible pero mas probable, estoy cansado de mi vida con mi mujer/esposo porque no hace lo que yo quiero/tiene otra mujer/no es romantico etc etc...  el asunto es decirle a otras personas que mi vida no funciona como yo querria por algun motivo, y que la razon sea deducible con mucha dificultad para ellos que nos conocen intimamente y que genere atencion anonima para quellos que no, y aun asi, conservar la privacidad. Las personas somos complicadas. y conio, elitistas. No nos importa tanto que aquellos que consideramos a nuestro nivel intelectual sepan lo que nos pasa, pero es inadmisible que aquellos que son inferiores consigan comprendernos.
"Las mayores verdades se dicen en bromas" me dijo un amigo, y es muy cierto. Tan pronto algun imbecil no entienda lo que decimos en nuestra famosa "cita" y conteste algo bromista, el tono cambia a broma... y no se descubre la frustraccion del intercambio fallido.
Todo esto ocurre con el proposito de generar la atencion que necesitamos sin volvernos vulnerables a los demas los cuales no deben conocer nuestra vida privada.

lunes, 7 de febrero de 2011

¿DEL TIRANO?

¿Del tirano? Del tirano 
Di todo, ¡di más!; y clava 
Con furia de mano esclava 
Sobre su oprobio al tirano. 
¿Del error? Pues del error 
Di el antro, di la veredas 
Oscuras: di cuanto puedas 
Del tirano y del error. 
¿De mujer? Pues puede ser 
Que mueras de su mordida; 
¡Pero no empañes tu vida 
Diciendo mal de mujer 

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Hexaedro Rosa


Ruben Martinez Villena
I
Te amo!...
A tu lado, o en tu ausencia; en la realidad o en el sueño; en la intimidad del rincón amable o ante el formidable arrullo del mar; en la noche lunada o negra y punteada de estrellas interrogadoras; en el momento maravilloso y tierno del amanecer; en el estupor meridiano del día o en el pensativo crepúsculo de oro... En todos los sitios y a todas las horas te he dicho ya las palabras que creí no iba a pronunciar jamás.

II
Tu amor irrumpió en mi vida como se cuela una ráfaga por una ventana abierta. Todos mis papeles se alborotaron y en un vuelo de espanto se deslizaron bajo los muebles y hacia los rincones. ¿Qué has hecho revoltosa?...¿Cómo penetras sin permiso?...No quieras irte. He cerrado cuidadosamente la ventana y no te dejaré hasta que arregles lo que desordenó tu travesura. ¡A ver si recoges aquel recuerdo mío y me traes esas cuartillas de la historia triste y el cuento ese que aún no he terminado, y aquella esperanza que germinaba bajo mi frente cargada hace un instante por estos pensamientos que han quedado aquí a mis pies, truncos y revueltos¡ ¡Qué maremágnum has ocasionado con tu entrada¡. ¡Anda, obedece¡...
Y mientras te digo todo esto tù estàs ahì,de pie, en el medio de mi alma, con mi más vieja tristeza bajo el tacòn de tu zapato, diciendo a mi severidad con una sonrisa divina: -Indudablemente, nada hay màs descortès que un rayo de sol .... Y lo peor del caso -¡atrevida¡- es que pareces muy satisfecha de que haya cerrado mi ventana.

III
Tú dices que eres triste.Yo sé que comprendes mis tristezas. Pero a pesar de ti misma, tú eres alegre, alegre como la luz, como la flor, como el trino. Lo raro es que tu alegría es producida por mi amor. Proviene tu alegría del amor del hombre taciturno, obsedido por el Misterio y por el Arte, envenenado por la filosofía y por el Mundo.-Como yo conozco ese milagro, temo que se produzca en mi. Temo el contagio de tu celeste y poderoso júbilo. ¡Oh amada! No me arrebate tu alegría lo que me enorgullece y me define. ¡ No vuelva el tiempo ingenuo de la poesía meliflua y desastrosa! En mi gravedad de crepúsculo tendré, para ti sola, luces y flores y trinos.Déjame la palabra amarga. la tristeza y la cólera son mías.Pero mi ternura sabrá mecer tu jovialidad de niña en un columpio de arrullos.

IV
Será un día cualquiera... Habrá rostros graves y rostros sonrientes. Todo ocurrirá como en un sueño y tú no sabrás qué pasa... (Tu alma será una dulce angustia y una expectación de aurora.) --¿ Por qué me visten así? ¿Por qué me coronan de flores? ¿Por qué lloran y ríen?-- me preguntaras. Y yo permaneceré silencioso, para no romper con mi voz el sonambulismo del momento.Pero cuando las amigas te hayan estrujado, cuando te hayan quitado los polvos a besos, cuando tu también derrames una lagrima límpida, entonces, rodearé tu cintura con mi brazo y te dire en una palabra: -- Vamos...

V
Puedes venir desnuda ami fiesta de amor. Yo te vestiré de caricias.
Música la de mis palabras; perfume es de mis versos; Corona, mis lagrimas sobre tu cabellera.
¿Que mejor cinturon para tu talle, que cinturon mas tierno, mas fuerte y mas justo que el que te daran mis brazos?... Para tu seno ¿que mejor ceñidor que mis manos amorosas? ¿Que mejor pulsera para tus muñecas que la que formen mis dedos al tomarlas para llevar tus manos a mi boca?
Una solo mordedura, calida y suave, a un lado de tu pecho, sera un broche único para sujetar a tu cuerpo la clamide ceñida y maravillosa de mis dedos. Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor, Yo te vestiré de caricias.

VI
Entonces...
Cuando en tu cuerpo, rendido, no vibre ya el temblor elástico de los miembros; cuando tus labios no tengan fuerzas para besar; cuando tu brazo fatigado se extienda en reposo lánguido, y en un gesto débil y esquivo de negación agites la cabellera trémula...
Entonces... Cuando tus ojos estén borrachos de adormideras sutiles, cuando los parpados te pesen y se caigan, quemados por la mirada ardiente de toda la noche... Entonces, a través de la fina malla de tus pestañas, verás todavía alargarse en mis pupilas ávidas un desperezamiento de panteras...

Anacronismo de Corazon y Zapato

[Original] montado sobre el papalote de Silvio Rodriguez
Por ahí van tus zapatos, hoy tan mortales, tan caminando
Aprietan a reventarse, pero se niegan, a irse llenando
Lazo de doble vuelta, que no se afloja, en simple via
El que tu me enseñaste, cuando caminábamos, aquellos días

Tú fuiste el que marcaste, el que pautaba, al dar el paso
El rostro hacia delante, mirada al frente y baja el brazo!
Del árbol del esfuerzo, tan dulce fruta, muda de pregunta
Por siempre avanza, tacón delante, y detrás la punta

Van los zapatos
Tan insensatos
Vereda adentro
Atravesando el mundo
En ocho tiempos

Sera que aquella noche, un lindo sueño, se hizo violento
Ya punteaban las doce, fruñía el ceño, el dios del viento
Una bella utopía, forjó ectopia, en dos minutos
Y vi que mi porfía, no siempre es dueña, de lo absoluto

Mas son tan testarudos, estos zapatos, no ven derrota
Se limpian los rasguños, respiran música, y se alborotan
Porque se sienten tuyos, tan adecuados, de ser mis dueños
Que ya ni se pellizcan, asegurándose, que no es un sueño

Van los zapatos
Tan insensatos
Vereda adentro
Atravesando el mundo
En ocho tiempos

Así hasta aquí han llegado, dentro del cuarto, junto a mi cama
En un rincón sentados, cruzan las piernas, cual fina dama
Que me mira y suspira, si taciturno, me ve pensando
Se ríen y me invitan, a que los calce y siga bailando.

Te cuento todo esto, para que tengas, noticias de ellos
Que hoy los llevo puestos, que están muy limpios, que están muy bellos
Que seguirán marchando, hacia otras tierras, y no te olvidan
Porque siempre son tuyos, y para ellos serlo, les es la vida.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Toito te lo consiento

Author: Rafael de Leon [1908-1922]

¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquel día

sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?...
¡Qué encanto! ¿Verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.


"Toíto te lo consiento

menos faltarle a mi mare,

que una mare no se encuentra

y a tí te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intención,
tú sabes que por tí tengo
grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.
Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer.
Y nadie me lo ha contao;
nadie, pero yo lo sé.
Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío,
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío;
y, mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?...catorce.
¿Quieres un reloj?... de brillantes.
Ni me importa que la gente
venga de mí murmurando
que si soy pa tí un muñeco
que si me has quitao el mando...

Que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros,
por donde se va a los mares
el río de mis dineros.
Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un sí ni un no,
que anda como pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.
Que me crió con su sangre,
y me guiaba la mano
para que me persignara
como tó fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era...cuarenta veces
mucho más guapa que tú;
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e hincártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare.
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor.
Que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.

Con que a ver si tu conciencia,
se aprende esta copla mía,
muy semejante a aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.
Por Dios, no me la avasalles
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".


Solea del Amor Indiferente

Author:Manuel Benitez Carrasco
Ni rencores ni perdón. 
¡No me grites. No me llores! 
¡lo nuestro ya se acabó!. 
¿Rencores? ¿Por qué rencores? 
¡No le da a mi señorío 
guardarle rencor a un río 
que fue regando mis flores! 
Tú me diste los mejores 
cristales de tu corriente, 
y no sería decente 
maldecirte por despecho 
si sé que tienes derecho 
a dar o a negar la fuente. 
¡Debo estarte agradecido 
por tu generosidad! 
Tú me diste por bondad 
lo que yo dí por cumplido: 
Me brindaste tu latido, 
tu boca nunca besada, 
tu carne nunca estrenada, 
tus ojos siempre esperando 
con dos ojeras temblando 
debajo de la mirada; 
me diste el primer te quiero, 
que es el que más atociga, 
y llenita de fatiga 
me diste el beso primero. 
Y hasta que llegó a tu alero 
aquel mal viento ladrón, 
yo sé que tu corazón 
fue mío por vez primera, 
y sólo mía la acera 
debajo de tu balcón. 
Por eso, yo, bien nacido, 
no te odio ni te aborrezco, 
¡al contrario!, te agradezco 
todo cuanto me has querido. 
No me importa si te has ido 
con tu barca hacia otro mar, 
que yo no te puedo odiar 
por esta mala partida; 
porque odiar es en la vida 
un cierto modo de amar. 
No vengas ahora a mi lado 
para pedirme perdón, 
el perdón es la razón 
de volver a lo pasado, 
¡y lo pasado acabado! 
¿qué pasó? ... ¿por qué pasó? 
¡Déjame que viva yo 
sin perdón y sin rencores! 
Porque por más que me llores ... 
¡lo nuestro ya se acabó! 

viernes, 10 de diciembre de 2010

El Vertigo

Author: Gaspar Nunez de Arce


Guarneciendo de una ría
La entrada incierta y angosta,
Sobre un peñón de la costa
Que bate el mar noche y día,
Se alza gigante y sombría
Ancha torre secular
Que un rey mandó edificar
A manera de atalaya,
Para defender la playa
Contra los riesgos del mar.

Cuando viento borrascoso
Sus almenas no conmueve,
No turba el rumor más leve
La majestad del coloso.
Queda en profundo reposo
 Largas horas sumergido,
Y sólo se escucha el ruido
Con que los aires azota
Alguna blanca gaviota
Que tiene en la peña el nido.
Mas, cuando en recia batalla
El mar rebramando choca
Contra la empinada roca
Que allí le sirve de valla;
Cuando en la enhiesta muralla .
Ruge el huracán violento.
Entonces, firme en su asiento,
El castillo desafía
La salvaje sinfonía
De las olas y del viento.
Dio magnánimo el monarca
En feudo a Juan de Tabares
Las seis villas y lugares
De aquella agreste comarca.
Cuanto con la vista abarca
Desde el alto parapeto,
A su yugo está sujeto,
Y en los reinos de Castilla
No hay señor de horca y cuchilla
Que no le tenga respeto.
Para acrecentar sus bríos
Contra los piratas moros.
Colmóle el rey de tesoros,
Mercedes y señoríos.
Mas cediendo a sus impíos
Pensamientos de Luzbel,
Desordenado y cruel
Roba, asuela, incendia y mata,
Y es más bárbaro pirata
Que los vencidos por él.
Pasma, al mirar su serena
Faz y su blondo cabello,
Que encubra rostro tan bello
Los instintos de una hiena.
Cuando en el monte resuena
Su bronca trompa de caza,
Con mudo terror abraza
La madre al niño inocente,
Y huye medrosa la gente
Del turbión que la amenaza.
Desde su escarpada roca
Baja al indefenso llano
Con el acero en la mano
Y la blasfemia en la boca.
Excita con rabia loca
El ardor de su mesnada,
Y no cesa la algarada
Con que a los pueblos castiga,
Sino cuando se fatiga,
Más que su brazo, su espada.
De condición dura y torva
No acierta a vivir en paz,
como incendio voraz
Destruye cuanto le estorba.
Todo a su paso se encorva.
La súplica le exaspera,
Goza en la matanza fiera,
con el botín del robo
Vuelve, como hambriento lobo,
A su infame madriguera.
De cuyos espesos muros.
En las noches sosegadas,
Surgen torpes carcajadas,
Maldiciones y conjuros.
Con los cantares impuros
Del señor y sus bandidos.
Salen también confundidos.
De los hondos calabozos.
Desgarradores sollozos
Y penetrantes quejidos.
Una noche, una de aquellas
Noches que alegran la vida,
En que el corazón olvida
Sus dudas y sus querellas,
En que lucen las estrellas
Cual lámparas de un altar,
Y en que, convidando a orar.
La luna, como hostia santa,
Lentamente se levanta
Sobre las olas del mar;
Don Juan, dócil al consejo
Que en el mal le precipita,
Como el hombre que medita
Un crimen, está perplejo.
Bajo el ceñudo entrecejo
Rayos sus miradas son,
Y con sorda agitación
A largos pasos recorre
De la maldecida torre
El imponente salón.
Arde el tronco de una encina
En la enorme chimenea:
El tuero chisporrotea
Y el vasto hogar ilumina.
Sobre las manos reclina
Su ancha cabeza un lebrel,
En cuya lustrosa piel
Vivos destellos derrama
La roja y trémula llama
Que oscila delante de él.
El fuego con inseguros
Rayos el hogar alumbra;
Pero deja en la penumbra
Los más apartados muros.
Hacia los lejos oscuros
La luz sus alas despliega,
Y riñen muda refriega
En el fondo húmedo y triste.
La sombra que se resiste
Y la claridad que llega.
Hosco Don Juan y arrastrado
Por su incorregible instinto,
Cruza el gótico recinto
Convulso y acelerado.
¿Qué maldad o qué cuidado
Embarga su entendimiento?
Dijérase que el tormento
De su corazón, si fuera
El alma de aquella fiera
Capaz de remordimiento.
El odio que le avasalla,
Arrebatado y sombrío,
Tiene el ímpetu del río
Pronto a quebrantar su valla.
Ni se apacigua ni estalla
La cólera que en él late,
Y con mil ansias combate
Como corcel impaciente
Que a un tiempo el castigo siente
Del freno y del acicate.
En tan solemne momento
Lucha Tabares a solas
Con las encontradas olas
De su propio pensamiento.
¿Qué busca? ¿Cuál es su intento?
¿Triunfará Dios o Satán?
Nunca los hombres sabrán
Por qué el cerebro humano,
Como en el hondo Océano,
Las olas vienen y van.
En vano a vencerse prueba,
Y con fuerza prodigiosa
Vuelve la pesada losa
Que abre paso a oculta cueva.
Del repleto hogar se lleva
Un grueso leño encendido,
Y arrójase enfurecido
Por aquella negra entrada,
Lanzando una carcajada
Doliente como un gemido.
Alza el lebrel que dormita
La noble cabeza, el sueño
Sacude, y en pos del dueño
Gruñendo se precipita.
Don Juan, con ira inaudita,
Marcha como un torbellino,
Y va saltando sin tino
Uno tras otro escalón,
Entre el humo del tizón
Con que alumbra su camino.
Al fondo del antro baja,
Y con sus puños de hierro,
De un triste y lóbrego encierro
El postigo desencaja.
Yace postrado en la paja
Un ser miserable y ruin,
Que recelando su fin
Azorado se incorpora,
Y con voz conmovedora,
Grita: -¿Qué quieres, Caín?
Don Juan, insensible y duro,
La vista en torno pasea,
Y fija la humosa tea
En una grieta del muro.
-Luis -le responde- te juro
Que te engaña el corazón,
Pues no tengo la intención
De arrebatarte la vida
Como a una fiera cogida
En la trampa y a traición.

-¿Qué pretendes, pues? -exclama
Don Luis, tendiendo los brazos
-¿Quieres anudar los lazos
A que la sangre nos llama?
Si la pasión que te inflama
En amor se convirtió,
No te detengas, que yo
Con alma y vida te espero.
Y rechazándole fiero,
Su hermano contesta: -¡No!
Ya es razón que esto concluya
-Añade, falto de calma. -
-¿Por qué Dios me ha dado un alma
Tan distinta a la tuya?
Pues no hay fuerza que destruya
El odio mortal que abrigo,
¿A que, di, cuando te hostigo,
Con tu cariño me hieres?
Aborréceme, si quieres
Ser generoso conmigo!
Luego, con gesto feroz,
Prosigue quedo, muy quedo,
Como si tuviera miedo
De escuchar su propia voz:
-¡Si supieras cuan atroz
Es la inquietud con que lidio!
Yo prefiero el fratricidio
Al afán que me tortura,
Porque es tal mi desventura
Que hasta tus penas envidio.
Te detesto, y busco en vano
Un motivo a mis rigores.
Yo, grande entre los mayores,
Con tu perdición ¿qué gano?
Y Don Luis replica: -Hermano,
Todo tiene sus azares.
No conmigo te compares, Que resultarás pequeño.
Yo tus grandezas desdeño
Y tú envidias mis pesares.
Es cierto. ¡Suerte menguada!-
Dice Don Juan impaciente,
Golpeándose la frente
Con mano dura y crispada.
La bondad, jamás cansada,
De Don Luis le desespera,
Y la pasión que le altera
Desborda en el calabozo
Con un ¡ay! mitad sollozo.
Mitad rugido de fiera.
¡Ah! no es extraño que gima
De su angustia en el exceso,
Como el Titán bajo el peso
Del mundo que lleva encima.
No es extraño que le oprima
Su rencor vivo y profundo,
Ni que se agite iracundo
Con más Ímpetu quizás,
Porque a veces pesa más
Un pensamiento que un mundo.
De su voluntad no es dueño.
Como el alma pecadora
A quien asalta a deshora
Su culpa en forma de sueño.
Intenta con loco empeño
Vencer su ansiedad sombría,
Y exclama con voz tan fría
Cual la punta de una daga:
-¡Esta sed sólo se apaga
Con tu sangre o con la mía!
Que el sol naciente me vea
Libre de tan grave peso-
levantándose el preso,
Dice resignado:
-¡Sea! Don Juan recoge la tea,
echa a andar, perdiendo el tino.
Porque el fulgor mortecino
Que el seco leño despide,
Tan sólo a trechos divide
Las tinieblas del camino.
El uno del otro en pos
Van, con paso mal seguro,
Por el subterráneo oscuro,
Abandonados de Dios.
El lebrel entre los dos
Sobresaltado camina,
Y por la lóbrega mina
Llegan al viejo portillo,
Que a un lado tiene el castillo
Del peñón en que domina.
El soldado que la puerta
Por fuera guarda y defiende,
Absorto el paso suspende
Viéndola de pronto abierta.
Lejanas voces de alerta
Turban la noche callada,
Y con frase entrecortada
Por el ardor que le agita,
Don Juan, avanzando, grita:
- ¡En, malsín! Dame tu espada.


Resistir quiere el soldado,
Y el monstruo entonces golpea
Con la resinosa tea
La faz del desventurado.
Por el dolor trastornado,
Cae el centinela inerte.
-Toma para defenderte
De ese menguado el acero
-Prorrumpe Don Juan-, pues quiero
Morir o darte la muerte.
Airado al ver tal acción,
Responde Don Luis: -Le tomo
Para clavarle hasta el pomo
En tu infame corazón.
Por tan bárbara traición
Te matara una y cien veces.
-¡Gracias a Dios que apareces
Tal como yo te quería!
-Clama con sorda alegría
Su hermano. -¡Ya me aborreces!
El frío intenso y tenaz
Calma pronto la zozobra
De Don Luis que al fin recobra
Su única dicha, la paz.
Y en él despierta vivaz
El recuerdo santo y tierno
De aquellas noches de invierno
En que, al amparo de Dios,
Juntos oraban los dos
En el regazo materno.
Y compara aquellos años
De inocencia y bienandanza,
Tan henchidos de esperanza
Como desnudos de engaños,
Con los martirios y daños
Que ha sufrido entre cerrojos:
Y ante los duros enojos
De aquél a quien tanto quiso,
Siente llegar de improviso
Las lágrimas a sus ojos.
Don Juan, que ya no refrena
Sus iras, marcha adelante.
Revelando en su semblante
La pasión que le enajena.
Yace la noche serena
En vago adormecimiento;
La luna en el firmamento
Sin celajes resplandece.
Y hay tal calma, que parece
Como aletargado el viento.
Cuando a desatarse empieza
La tempestad en el alma,
¡Qué insoportable es tu calma,
Oh madre Naturaleza!
Nunca a la humana tristeza
Das el ansiado consuelo,
Y en los momentos de duelo
Nuestra pena es más aguda
Bajo la impasible y muda
Indiferencia del cielo.
Atravesando un pinar
Llegan, tras breve jornada,
A una planicie situada
Entre las cumbres y el mar.
Nada parece turbar
La paz del estéril llano:
Sólo del ronco Océano,
Que con los peñascos lucha,
El sordo rumor se escucha
Como un gemido lejano.
Todo en el alma despierta
Un vago afán misterioso:
El infinito reposo
De la llanura desierta;
La luz sin color y muerta,
Que inunda el diáfano ambiente;
Los ecos del mar rugiente,
Y el ladrido prolongado
Con que el lebrel erizado
La catástrofe presiente.
Hay en la vasta llanura
Un tronco seco y sin ramas,
Despojado por las llamas
De su pompa y su hermosura.
De la escarcha la blancura
Le da un tinte funerario.
Pues se eleva solitario,
Ennegrecido y escueto.
Como gigante esqueleto
Bajo su roto sudario.
XL
Don Juan, que la marcha guía.
Detiénese allí, desnuda
Su espada, y con voz sañuda
Clama: -¡Tu vida o la mía!
En actitud grave y fría
Ante él su hermano se para,
Y mirando cara a cara
A su opresor: -¿Eso esperas?
-Le dice-. ¡Qué más quisieras
Sino que yo te matara!
Hiere, si intentas herir;
El golpe aguardo sereno,
Que yo, en cambio, te condeno
Al tormento de vivir.
¿Adonde podrás huir
Que no te alcance el castigo?
Te darán, en vano, abrigo
Otros climas y otras playas.
Pues dondequiera que vayas
Irá tu crimen contigo.
-¡Mi crimen! -ruge Don Juan-.
¡Por Cristo, que es brava idea!
en sus ojos centelle?
La cólera de Satán.
Cuando suelto el huracán
Rompe, arrolla y desbarata,
Sólo algún alma insensata,
En momento tan aciago,
Culpa al viento del estrago,
no a Dios que le desata.
-Desde el día en que nací-
Añade airado y convulso-
Obedezco a extraño impulso,
Y no soy dueño de mi.
Lucha, pues armas te di
Para ganar la partida,
Que si en la lid fratricida
No opones el hierro al hierro.
Juro a Dios que como a un perro
Voy a arrancarte la vida.
-¡Hazlo! -contesta su hermano-,
A tus instintos me entrego,
Pues no detendrá mi ruego
Los ímpetus de tu mano.
Mi muerte será ¡oh tirano!
Tu expiación más tremenda;
Y rompo la espada en prenda
De que no quiero cobarde,
Ni piedad que me resguarde,
Ni acero que me defienda.
Dice, y quebrando después
La bruñida y sutil hoja
En dos pedazos, la arroja
De su verdugo a los pies.
Avanza tranquilo, y es
Su porte grave y austero.
-Guarde cada cual su fuero-
Exclama- y ya que es tu sino,
Mata como un asesino,
Mas no como un caballero.
Don Juan vacila un instante:
Con su conciencia batalla;
Pero al fin la envidia estalla
Más soberbia y más pujante. -
¡Imbécil! recojo el guante,
Grita con áspero tono;
Y arrastrado por su encono,
Contra el desdichado cierra,
Que cae exánime en tierra
Exclamando: -¡Te perdono!
¿Cómo expresar el horror
De aquella escena de muerte?
La víctima yace inerte
A los pies del matador.
Con su pálido fulgor
La luna alumbra al caído;
El lebrel, enardecido,
La hirviente sangre olfatea,
se revuelve, y rastrea,
rompe en lúgubre aullido.
Don Juan se detiene adusto;
El asombro en él se pinta,
la espada en sangre tinta
Cae de su puño robusto.
Los ojos vuelve con susto,
Horror se inspira a sí mismo,
cercano al paroxismo
Se retuerce y desespera,
Como si rodando fuera
Hacia el fondo de un abismo.
Tierra, mar y firmamento,
Cuanto huella y cuanto mira,
Todo en torno suyo gira
Con rápido movimiento.
Llénase su pensamiento
De mortal incertidumbre,
Y la inmensa muchedumbre
De visiones que le asalta,
Ondula, bulle, resalta
Entre círculos de lumbre.
Su razón se turba, un velo
De sangre anubla sus ojos,
Y cubren vapores rojos
El mar, la tierra y el cielo.
Con acongojado anhelo
Lanza un grito de agonía,
Y huye como res bravía
Cuando de pronto a su oído
Llega el ardiente latido
De la furiosa jauría.
Corre, corre, y corre en vano
Porque cuanto más avanza
Más cerca a mirar alcanza
El cadáver de su hermano.
No encuentra término al llano,
Y ve con ansia cruel
Los ojos del nuevo Abel
De eterna sombra cubiertos.
Siempre fijos, siempre abiertos,
Siempre clavados en él.
Nunca el torpe matador
De su víctima se aleja,
Y el miedo ver no le deja
Que va de ella en derredor.
Al fin recoge el traidor
De sus maldades el fruto:
Que a veces Dios, en tributo
A su justicia ofendida.
Todo el dolor de una vida
Reconcentra en un minuto.
Su ronda desesperada
Sigue con bronco resuello,
Puesto de punta el cabello
Atónita la mirada.
En su fuga acelerada
Apenas el suelo toca,
Cuanto más en su loca
Carrera el triste se ofusca,
Más le estrecha, más le busca,
Más el muerto le provoca.
Precipítase sin tino,
Y aumentado sus terrores,
Los espectros vengadores
Le acosan en el camino.
Gira como un remolino
Sin detenerse jamás,
Y va ciego, y cuanto más
Huye, ve más espantado
El cadáver siempre al lado
Y el lebrel siempre detrás.
Nada su pavor mitiga,
Y su marcha abrumadora
Se prolonga hora tras hora
Sin ceder a la fatiga.
Su propio crimen le hostiga
Con creciente frenesí,
Hasta que fuera de sí,
Crispado, lívido, yerto,
Se desploma junto al muerto
Gritando: -¡Infeliz de mí!
Cuando su manto repliega
La triste noche sombría.
Tres muertos alumbra el día
En la solitaria vega:
Don Luis, que en sangre se anega
yace en tranquilo sueño,
Don Juan, cuyo torvo ceño
Muestra su angustia final,
el lebrel, noble y leal,
Tendido a los pies del dueño.
¡Conciencia, nunca dormida,
Mudo y pertinaz testigo
Que no dejas sin castigo
Ningún crimen en la vida!
La ley calla, el mundo olvida;
Mas ¿quién sacude tu yugo?
Al Sumo Hacedor le plugo
Que a solas con el pecado,
Fueses tú para el culpado Delator,
juez y verdugo.